Poner el reglamento Taurino al día: una prioridad

El peso de la tradición y la modernidad. A la izquierda: Bordado con motivos taurinos, elaboración de artesanos en Michoacán. A la derecha: Antonio García “El Chihuahua” colocando banderillas en forma espectacular. “La Petatera” (Villa de Álvarez, Colima), febrero de 2015. Col. del autor.

 

La tauromaquia es un concepto, pero también una expresión que ha estado sujeta a los naturales cambios impuestos por el tiempo, la evolución. Los públicos, pero sobre todo por su afán de pervivencia.

 

Nuestros tiempos, donde el desarrollo ideológico, las tecnologías, e incluso la contundente e inevitable presencia del cambio climático, obligan a las sociedades en su conjunto encaminar el destino por senderos inéditos quizá nunca antes previstos. A ese escenario se suma la fuerte carga crítica de grupos opositores que crecen, delimitando cada vez más la presencia de un espectáculo ancestral, integrado al menos a ocho países que lo conservan como tradición y legado. Por lo tanto, es pertinente seguir legitimando su defensa y el por qué de su presencia en estos tiempos que corren.

 

Para ello hay que valernos en esta ocasión de unos razonados argumentos que pongo al alcance de los lectores.

 

De reciente aparición es el trabajo de dos académicos españoles, que han compartido un importantísimo análisis el cual no podemos perder de vista. Me refiero a “Cómo adecuar la lidia al siglo XXI”, de Fernando Gil Cabrera (Doctor en Biología) y Julio Fernández Sanz (Veterinario). La liga para tener acceso al texto completo proviene del notable portal de internet “Taurología.com” (https://www.taurologia.com/propuestas-para-adecuar-lidia-siglo–5608.htm) coordinado por el periodista español Antonio Petit Caro.

 

Desde una visión que recoge la experiencia ocurrida en España, y que no nos es ajena pues se trata de la misma representación –cambia la forma, no el fondo-, los autores determinan luego de diversas contemplaciones, la necesaria puesta al día en el reglamento taurino, sin más. Evidentemente España cuenta con varias disposiciones y eso lo aclaran. Pero al puntualizar las necesidades reales que permiten entender el espectáculo en ese aquí y ahora plantean fijar la vista desde el uso de la divisa, la suerte de varas y sus elementos, las banderillas, la espada, estoque de descabellar, puntilla y alternativas para el buen uso de estos dos trebejos. Culminan con las debidas propuestas que se imponen en caso de que se conceda, y en favor del toro, el indulto.

 

Todo ello se encuentra plenamente sustentado en una amplia consulta a fuentes bibliográficas, a la experiencia que ambos manifestaron en un texto conjunto, claro, sin dispersión de ninguna especie, y procurando siempre ir al asunto usando un lenguaje que le es claro no solo al taurino en cuanto tal; sino a cualquier lector.

 

Tan difícil como complicado, abren su propuesta con una interpretación del presente. Es decir, nos proporcionan la información necesaria para entender la forma en que ha llegado hasta nuestros días la forma en que sus diversos participantes hacen de la tauromaquia ese logro en el que están reunidos diversos componentes, resultado de una larga acumulación no solo secular, sino milenaria. Eso conjuga lo sagrado y lo profano, las radicales transiciones (como aquello que ocurrió en el siglo XVIII cuando el toreo ecuestre devino en el de a pie), pero también su notable riqueza decorativa; como lo es también la técnica y estética al servicio; y todo ello sujeto a un factor casi intangible: lo efímero en concordancia con lo intenso y poderoso que el ritual de sacrificio y muerte significa en su absoluta realidad.

 

Se detienen en una fina revisión sobre la forma en que hoy se desarrolla la lidia y observan lo necesario que significa adaptar las razones de aquello que proponen a un ritmo, a un “tempo” que es propio en la corrida de toros. Con sus propuestas y la posible materialización de las mismas, no es que se caiga en el juego deseable de los contrarios, aunque sí en la renovada representación que en natural consecuencia, se aleja de anacronismos y hasta de las elementales depuraciones en lo que consideran “tiempos muertos” durante el desarrollo de la lidia.

 

Es preciso, y muy recomendable su correcta lectura. Ese es un ejercicio complementario al que estas notas se agregan al que ya debe ser un balance colectivo que seguramente tiene armadas sus propuestas, suficientes razones para poner bajo revisión nuestro propio Reglamento Taurino, cuya última actualización se registró apenas comenzado el siglo XXI, cuando se trata de un instrumento legal que rige el espectáculo en nuestra ciudad capital desde 1987, si mal no recuerdo.

 

Los reglamentos tienen una larga duración, pero si no se actualizan, se corre el riesgo de que sigan cometiéndose abusos y excesos. El relajamiento natural al que se ve forzado, hace de el mismo, un instrumento legal vulnerable. Por ahora, no entraré en detalle, la lista es larga. Sin embargo, acometer esos puntos ya indicados significa dar un vuelco notable en el desarrollo de la lidia, de su necesaria depuración que podría ser el cambio radical que tanto necesita para resignificar la lidia en su conjunto, evitando así un tratamiento indebido y muchas veces excesivo que se hace ya, en contra del toro, no para favorecer sus condiciones sino para alterarlas, lo que da por consecuencia un desarrollo inapropiado en la lidia de novillos o toros.

 

Me parece que con eso no se incurre en una obsesión o terquedad, sino en la oportunidad de poner simple y sencillamente en su justa dimensión el desarrollo del espectáculo. Para ello será necesario un ejercicio colectivo, un debate abierto y público donde los distintos actores, pero también el público y las autoridades pongan énfasis en lo que necesita cambiar o adaptar al ritmo que la fiesta de toros necesita para su mejor representación. Ello quizá, permitiría que se entienda de mejor manera el propósito de cada una de sus partes, de si es pertinente o no en el uso de la divisa, en la presencia de los picadores y de todo cuanto conviene el desempeño de su labor. Sobre qué tanto conviene modificar los elementos constructivos de las banderillas, e incluso si cabe la posibilidad de que se pase de tres a dos pares (salvo en el caso de que sea el propio espada quien busca lucirse colocando los tres, e incluso cuatro pares si las condiciones así lo permiten). Y luego, el uso que debe darse a la espada, buscando con ello evitar una innecesaria y penosa “suerte suprema” que no culmina en los términos deseables, así como lo que significa el uso de la puntilla, otro instrumento o trebejo que se ha convertido en dolor de cabeza por la sencilla razón de que su manejo no corresponde a la necesidad real en el momento culminante, y que en realidad, junto con la espada de descabellar convierten esos instantes en doloroso e inútil tránsito.

 

Del mismo modo, los tiempos muertos, como el cambio del primer tercio, el número de entradas al caballo, salida al ruedo y abandono del mismo por los picadores; la colocación del toro, duración del encuentro y quites (cuando los hay). Características del caballo de picar, peto, manguitos protectores y estribo derecho, así como características en puya y vara, harían que, en su conjunto, se moderaran favorablemente las condiciones de lidia.

 

Tenemos que reflexionar este tema, el cual no es cosa menor. Quizá, y en forma alterna, entendamos que la notable escasez de públicos en las plazas no sea solo por el hecho de que el festejo taurino ha perdido valores sustanciales de emoción, o por la sencilla razón de que los precios de entrada han superado lo razonable. También es importante saber si estos factores, por ahora descuidados, son razones por las cuales el aficionado ya no va, pero tampoco se hacen presentes aquellos nuevos públicos siempre movidos por novedosas circunstancias. Entienden, estoy seguro, que no ir significa eludir una desagradable representación que conjunta desaciertos, descuidos; abandono en consecuencia.

 

Ha llegado el momento de unir voluntades, de sentarse a discutir, revisar y definir el reglamento más apropiado para las corridas de toros que hoy día se presentan en nuestro país. Sabemos que el reglamento en cuanto tal, será una referencia que aplicará no a nivel nacional (lo cual es deseable), pero si esto ocurre, lo demás vendrá por añadidudra. Lo bueno, se copia, y sea a nivel estatal o municipal, el hecho es que cada espacio geográfico donde se celebran espectáculos públicos, tenga el que hoy día hace falta.

 

27 de marzo de 2019.

Por: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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