La Tauromaquía según Facundo Cabral

LA TAUROMAQUIA SEGÚN FACUNDO CABRAL

 

 

El pasado fin de semana me cupo la suerte de compartir mesa y mantel con el poeta y cantor argentino Facundo Cabral que, venido desde Buenos Aires, me dio la chance de poder gozar de su arte, de su sabiduría, de su mundo y, por encima de todo, de poder rociarme plenamente con su cultura inenarrable. Claro que, lo que yo jamás sospechaba era que, en nuestro diálogo, el mismo, derivara hacia el mundo de los toros. Me quedé perplejo. Un argentino platicando de toros con un español, la verdad es que, a cualquiera, le puede sonar muy raro, en Argentina no hay plazas de toros, por tanto, es muy difícil que, desde aquellas lejanas tierras, nadie pueda ser aficionado a nuestra fiesta.

Siempre dije que, Facundo Cabral, es diferente al resto de los mortales y, en esta ocasión, una vez más, me lo volvió a mostrar. Por respeto al maestro jamás le hubiera platicado de toros; hacerlo, ante él, me parecía algo irrespetuoso. Claro que, el maestro, sabiendo de mis vivencias e ilusiones, de su parte, sacó el tema a relucir. “Hábleme de toros, usted que sabe” me decía. Quedé perplejo. No daba crédito a que, mi persona, ante Facundo Cabral, pudiera hacer la más mínima disertación sobre la fiesta taurina. Bien es cierto que, este argentino universal, como tantas veces ha demostrado, todo lo que huela a cultura, en la rama que fuere, para él, es un hallazgo extraordinario. El maestro, interesadísimo por el tema, continuaba diciéndome: “Los toros, para ustedes y frente al mundo, son una manifestación de cultura que, la exportaron ustedes a otros países, como hicieron con Picasso, con Cervantes, con Goya, con Federico García Lorca y otros muchos” Me subyugó que, Facundo Cabral entendiera que, nuestra fiesta, como él confesara, ante todo, es una manifestación cultural, un rito hermoso que, al paso de los años, tuvimos la ocasión de mostrarlo a muchos países en el mundo y que, en el devenir de los días, lo hicieron como propio; ahí está México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador y, en Europa, Francia y Portugal.

Es fascinante que, ante mí, un argentino, me relatara el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, el poema increíble que, Federico García Lorca le dedicara al amigo querido que, pasados los años, ha quedado como emblemático dentro de los toros y, por encima de todo, como el más bello legado para la cultura del mundo. Me embrujó Facundo Cabral en este menester puesto que, su persona y su obra, una vez más, me llenaron de convicciones por aquello de seguir creyendo que, los toros, como Cabral confesara, siguen siendo la gran manifestación de cultura que define al pueblo español. “Siga contándome, querido Pla,” me decía. Innumerables fueron sus preguntas al respecto y, gracias a su ingenio, hasta pude rememorar capítulos taurinos que, desdichadamente, los tenía olvidados. Facundo estaba muy interesado en que le hablara de un contemporáneo suyo que, no es otro que, Manuel Benítez El Cordobés y, al tiempo, me pidió que le hablara de otro genio de la época, Curro Romero. El maestro, entre otras muchas cosas, quería saber la diferencia que existía entre estos dos toreros puesto que, la idea, como tal, le subyugaba. Al final de la charla, creo que quedó todo muy claro y, Cabral, encantado por la humilde explicación que mi persona pudo aportarle.

Facundo Cabral me contó de las veces que, ocasionalmente, ha podido ir a los toros y, ello tuvo lugar en México, en las plazas de Guadalajara y Texcoco; poca experiencia, pero inolvidable como él dijera. En aquellas corridas, además del colorido del espectáculo, Cabral, dijo haberse conmocionado con un torero mexicano que le dejó perplejo: David Silveti. Según Cabral, en aquellas ocasiones, quedaba maravillado de que, un hombre, jugándose la vida, fuera capaz de crear arte y, con fortuna para sus ojos, en aquellas tardes que relatara, Silveti, le impresionó. Poca experiencia la de Cabral respecto a los toros pero, a su vez, tremendamente aleccionadora; y tanto puesto que, haber tenido la suerte de admirar el arte de David Silveti, para el maestro, resulto ser un regalo inolvidable.

Lógicamente, el maestro Facundo Cabral, respecto a los toros, en su ser, vive la feliz idea de todo lo que el mundo de los toros ha supuesto como manifestación cultural, pero, a mi lado, se quiso adentrar en los pormenores más íntimos del espectáculo, algo que, a no dudar, le expliqué con todo detalle. “Tras tantos años, -me decía- me marcho de España sabiendo de toros lo que antes jamás nadie me había contado. No sabe usted, Pla, la dicha que siento al comprobar que, gracias a usted, por fin, he conocido los pormenores más íntimos de una fiesta a la que siempre admiré” Lógicamente, las palabras del maestro, a cualquiera, le pueden llegar hasta el fondo del alma y, en mi caso, me llenó de ilusiones y, como antes decía, de las más bellas convicciones puesto que, como Facundo Cabral me confesara, los toros, han sido y serán la más hermosa manifestación cultural de un pueblo.

Gracias, maestro Facundo Cabral. Lo que más olvidado tenía era que, con usted, pudiera compartir una charla taurina; si alguien lo hubiera pronosticado, jamás le hubiera creído. Bien es cierto que, aquello de juntarme por unas horas con un sabio de la vida, con él, todo es posible, hasta entablar la más bella conversación taurina. Como alguien dijera al calificarle, el milagro llamado Facundo Cabral, en la vida y en el arte, sigue siendo posible.

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Comentarios: 1
  • #1

    Mary G. (lunes, 30 enero 2017 16:23)

    Excelente relato, solo que no dice quien lo escribe, quién tuvo la fortuna de hablar de toros con el gran Facundo y a la vez recibir comentarios tan bellos.