Corridas de Toros, yo si estoy a favor

Pongámoslo claro, en el mundo hay de todo y siempre vamos a encontrar, desde gente que piense diferente a uno hasta gente que simplemente no piense, lo importante en todos los casos es mantener la serenidad y ser tolerante, respetuoso. Hay gente que cree por ejemplo que Elvis Presley está vivo y que Paul McCartney esta muerto y es sustituido por alguien muy similar. Hay gente que cree en duendes, hadas, fantasmas, apariciones. Hay gente que cree que Maradona es una deidad sagrada. Gente que cree que nuestro color de piel, sexo o religión determina el alcance de nuestros derechos. Y hay gente que cree que los animales tienen derechos y los seres humanos obligaciones para con ellos. O sea que hay de todo para todos. Lo que sí es importante decir con respecto a esto, es que sería bueno que estas creencias se sustentaran en argumentos que las legitimen, digamos, es lo ideal, pero no ocurre así en todos los casos.

No ocurre con los abolicionistas de las corridas de toros por ejemplo, que no cuentan con argumentos válidos para sustentar su prohibitiva posición. Yo he tenido muchas, y bastante largas, discusiones con antitaurinos, y en todos encuentro que solo se dedican a tratar, torpemente, de invalidar los argumentos que esgrimimos los aficionados, sin embargo ellos no aportan alguno, a lo mucho se escudan en un argumento contra las corridas de toros que realmente no es un argumento sino más bien una razón, la sensibilidad. El antitaurino es muy sensible, realmente sufre con solo imaginar a un animal (en este caso el toro bravo) herido o muriendo, se conmueve y siente compasión por él. Este sentimiento es bastante respetable, loable y es inherente a la naturaleza humana. Lo que al parecer no comprenden los antitaurinos es que los aficionados a la fiesta brava compartimos esta sensibilidad, ninguno de nosotros siente placer por la muerte misma del animal astado frente al público, no es, como ellos creen, que los aficionados somos gente cruel, sin piedad, sin corazón, por el contrario, son por lo general gente muy pacífica, sensible, culta (detallaré y ejemplificaré esto más adelante) y ninguno siente placer con el sufrimiento de los animales. Estoy seguro que los asistentes a los cosos no soportan ver sufrir un gato, un perro, un caballo o cualquier otro animal.

Desarrollaré con claridad esto de la sensibilidad, que como ya dije no es un argumento, sino una razón. Los aficionados a los toros respetamos a los que por sensibilidad no soporten asistir a las corridas o porque simplemente no gusten de éstas, pero éstos deben respetar también a los aficionados, tan humanos, poco crueles y capaces de sentir piedad como ellos, pues ¿acaso la sensibilidad de algunos puede ser suficiente para condenar la sensibilidad de los demás? Pongamos unos ejemplos, yo, siendo un aficionado a los toros, y por ello muy sensible al sufrimiento animal, no soy capaz de soportar el espectáculo de un pez que va muriendo asfixiado con el paladar destrozado por un anzuelo de triple punta, con los ojos saltados y atónitos entre coletazos que lentamente se apagan, es cuestión de sensibilidad por lo que no lo soporto, me apena hasta las lágrimas, es por ello que no asisto a la pesca recreativa, pero no se me ha cruzado por la mente condenar la pesca de caña ni tratar al pobre pescador de sádico y cruel o exigir a las autoridades la prohibición de su ocio. Qué ocurre con la caza por ejemplo, que en el Perú no es tan publicitada como en Europa pero no por ello inexistente, o con el boxeo que me parece una actividad mucho más bárbara y sangrienta que las corridas, o el fútbol que en sí mismo no es violento pero que está demostrado que los aficionados al fútbol pueden ser más violentos que los aficionados a los toros, no sé de aficionados a los toros que se agarren a pedradas o cometan actos de vandalismo al salir de las faenas al punto de matarse, o volviendo a los animales, la hípica que destruye las rodillas de los corceles obligándolos a vivir torturados y adoloridos. Una cosa es extraer las consecuencias personales de la propia sensibilidad (por eso no voy de pesca, de caza ni al box ni a las carreras de caballos) y otra diferente es hacer de dicha sensibilidad un estándar absoluto y considerar sus propias convicciones como el criterio de la verdad. Eso solo demuestra intolerancia y desconocimiento de parte del antitaurino.

Pero antes de entrar en materia taurina, quiero dedicarle unos párrafos a los antitaurinos, que en su mayoría no han asistido nunca a una corrida de toros y no saben siquiera en qué consiste. No niego su sensibilidad (queda claro líneas arriba que se las reconozco) ni tampoco su buena voluntad. No lo voy a insultar diciéndole hipócrita u oportunista, pero sí creo que está muy confundido. Como el fútbol, las corridas de toros no son ni de derechas ni de izquierdas, ni de ricos ni de pobres, sino que son un espectáculo horizontal, sin embargo hay ciertos grupos que las toman como bandera “ecologista”. Es un error pues, confundir “ecologismo” con “animalismo”, cuando en verdad son en ocasiones como ésta todo lo contrario. El “ecologismo” consiste en defender el equilibrio de las especies y la conservación de los ecosistemas y todas las especies que en éstos habitan, no tiene nada que ver con ocuparse de la muerte de cada animal individualmente y menos aún con el sufrimiento individual de todos los animales que habitan océanos, montañas y bosques del mundo, que vendría a ser “animalismo”. No se puede pues matar individualmente a un leopardo para evitar el sufrimiento de las gacelas que lo alimentan. No se puede estar sensiblemente preocupado por los lobos y las ovejas al mismo tiempo. No se puede alimentar palomas (cosa que hacemos por animalismo) pues favorecemos las plagas (cosa que deberíamos evitar por ecologismo). Es así que las corridas de toros están del lado del ecologismo y los antitaurinos del lado animalista (cuestión que también detallaré en el trascurso del artículo).

Para los militantes serios del “ecologismo” las corridas de toros ocupan el último lugar en la lista de preocupaciones, por encima están por supuesto la ganadería industrial, el tráfico internacional de animales, la protección de animales en peligro de extinción, condiciones de transporte y experimentación con animales. Por desgracia en la actualidad está de “moda” ser vagamente naturista, compasivo, verde, victimista, antitaurino. Es comprensible esta simpatía con la causa antitaurina de manera tan espontánea e irreflexiva, y comprendo su antipatía contra las corridas de toros, es pues fácil hacer militantes a su causa, basta limitarles la información y con que algunos exaltados recurran a algunas imágenes impactantes acompañadas de algún eslogan simplista como ¡TORTURA! o ¡SÁDICOS! Me es difícil comprender cómo gente que conoce tan poco de las corridas (pues o nunca fueron o nunca las entendieron) es capaz de apasionarse tanto contra ellas, pero lo termino haciendo pues el objeto de las más fuertes emociones colectivas son siempre irracionales.

Desgraciadamente es muy difícil ser un militante coherente de la causa animal, pues para serlo habría que sacrificar con los toros a los zoológicos, y por supuesto los placeres gastronómicos, es especial los carnívoros, las pieles, toda prenda de vestir y utensilio de cuero, piel y pelambre, favorecer campañas para la erradicación de ciertos insectos y alimañas que transmiten paludismo, peste o rabia, de modo que el mundo alcance esa perfección en que los hombres y animales gocen de los mismos derechos y privilegios, aunque por supuesto no con las mismas obligaciones, porque quién le hará entender a un león hambriento que no se puede comer a nadie porque las leyes o las normas morales lo prohíben. No se puede pues ser un ecologista coherente si somos antitaurinos pero no resistimos atragantarnos con un sabrosa butifarra que requiere que miles de cerdos vivan durante toda su existencia en un metro cuadrado, mientras constantemente intentan equilibrar sus patas sobre unas rejas por las que fluyen sus excrementos, su único movimiento debe ser el de mover de arriba abajo su cabeza para recibir alimento, ya en el camal ni se diga, son brutalmente torturados para satisfacer el apetito humano. Pero no solo los cerdos sino cada animal que consumimos recibe sufrimiento para satisfacer nuestras necesidades, desde los hígados de las aves que hinchan artificialmente para que el paté quede sedoso o las langostas y camarones que son hervidos vivos pues así aumentan su sabor o los cangrejos a los que se les amputa una pata al nacer para que la otra se deforme y agigante y ofrezca mas alimento al refinado comensal, ejemplos puedo dar muchos más.

Entonces, por qué podemos soportar que miles de animales que viven en pésimas condiciones mueran en los camales para satisfacer ciertas necesidades y no soportamos que algunos otros que vivieron literalmente una vida envidiable (detallaré adelante esto) mueran para satisfacer otras necesidades. ¿El problema es acaso que unas las vemos y las otras preferimos no imaginárnoslas? Me parece poco coherente.

Ahora sí, pasaré a explicar los argumentos a favor de las corridas y espero que los antitaurinos no se hayan ofendido por mi sinceridad en los párrafos anteriores y puedan leer con objetividad lo que viene para poder conocer y entender las corridas.

Las corridas de toros no son torturas, pues la tortura es “hacer sufrir voluntariamente a un ser, ya sea por puro placer o para obtener un beneficio como una información o confesión”. Esto está alejado de las corridas pues para empezar en una corrida no tiene como objetivo hacer sufrir al toro, es cierto que durante la corrida el toro recibe heridas y es abatido, pero ese no es el objetivo, así se tenga ese efecto. Si dejáramos de hacer cada actividad que implique el sufrimiento de un animal prohibiríamos un número importante de ritos religiosos, actividades de ocio y prácticas gastronómicas. Las corridas de toros no son más tortuosas que la pesca que se hace como desafío, diversión, pasión y para comerse los pescados. Se torea astados por desafío, diversión, pasión y para comérselos.

En las torturas, el torturado no tiene posibilidad alguna de defenderse, menos atacar a su “torturador”, cosa que no ocurre en las corridas pues el animal tiene oportunidad de acometer  atendiendo a su personalidad combativa y de embestir, atacar o defenderse. Esto se asemeja más a una lucha que a una tortura, además pues en las torturas no está en riesgo la vida de torturador, cosa que sí ocurre en las corridas en las que el torero afronta a su adversario jugándose la vida, de hecho hay cientos de casos en los que los toreros salen gravemente heridos, y hasta han terminado muertos en la arena.

El toro sufre en cierta medida y no lo niego, pero no es una tortura porque el toro bravo es un animal predispuesto a la lucha, si lo fuese éste huiría, por ejemplo si se le hinca con una puya a cualquier buey o un lobo, éstos huirían automáticamente, puesto que la fuga es la reacción inmediata de cualquier mamífero frente a una agresión, sin embargo el toro bravo lejos de huir, redobla su ataque. Por otro lado si este mismo toro bravo no es sometido a lucha sino a verdadera tortura como por ejemplo descarga eléctrica de cercos, éste sí huye y escapa, comportamiento adecuado a su naturaleza.

Por otro lado la tortura es una de las prácticas más abominables del mundo, es pues riesgoso e irresponsable llamar a la tauromaquia o a cualquier cosa “tortura” porque se banaliza el uso de la palabra y atenúa la condena de ésta innoble práctica. Es además un insulto a los torturados del mundo, pues no creo que les haga gracia a los prisioneros políticos que se hallan en el fondo de una prisión que se los compare con un toro bravo que pelea en el ruedo.

Por todo esto no se puede llamar tortura a las corridas de toros que son más bien un espectáculo. Pero pasemos a hablar de uno de los protagonistas de tal espectáculo, el toro.

La naturaleza del toro de lidia (Bos taurus ibericus) no es para nada la de un apacible rumiante, sino que es más bien una muy particular variedad de bovino dotado de una bravura  extraordinaria, es decir, una capacidad ofensiva para el ataque sistemático contra todo lo que pueda presentarse como una amenaza o intromisión a su territorio. Es además el único animal que en plena lucha no desarrolla las hormonas del miedo, sino que desarrolla en su lugar, la hormona del placer, esto es importante de resaltar, porque desvirtúa cualquier argumento en contra de las corridas que las acusa de torturas por desconocimiento, ¿una tortura acaso implica placer para el torturado?

Otro dato con respecto a la naturaleza de esta variedad es que debido a la segregación de una gran cantidad de beta-endorfinas (opiáceo endógeno que es la hormona encargada de bloquear los receptores de dolor) al momento de la lidia el animal está particularmente adaptado a ella según muchos estudios contando el de la Universidad Complutense de Madrid a cargo del profesor Illera del Portal, Director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria.

Eso no es todo, los toros de lidia cuentan (y son los únicos del reino animal) con un hipotálamo un 20% más grande, esta pare del cerebro es justamente la que controla el equilibrio y regulación de las funciones de estrés y defensa. Así como las citadas, hay por lo menos un par más de características especiales de esta especie que no hacen más que explicar las causas fisiológicas que hacen posible que el toro bravo en vez de sentir “dolor” (que es innegable que lo siente, aunque reducido como ya explique) como sufrimiento, lo siente como un estimulante para la lucha y se transforma en una inmediata excitación agresiva. Todo esto lo conoce un aficionado a la fiesta taurina, pero estoy seguro que lo desconocen los “antitaurinos”, es por ello que equivocadamente comparan el dolor de un animal con el dolor que sentimos los hombres, pues además de todas las causas de su especial naturaleza que ya explicamos, el dolor de los animales no viene acompañado de la conciencia reflexiva que aumenta el desamparo pues en los animales es instantáneo y lo que hace es poner en marcha la reacción natural adaptada, que consiste generalmente en evitarlo o rehuirlo, pero que en ésta especial variedad de animal consiste en fiereza.

“Pero el toro no quiere luchar, si pudiera elegir no estaría en una plaza de toros” afirman los antitaurinos demagógicamente, pero lo que no dicen, o no se dan cuenta, es que los animales no “eligen” consiente una u otra conducta, sino que actúan de acuerdo a su naturaleza, los animales pues no se marcan como objetivo en su mente al que intentarían llegar por tal o cual medio requerido.  La naturaleza del toro bravo es querer luchar, no querer elegir, eso es natural al hombre, no a los animales, a ninguno, o acaso ¿sus perros o gatos “eligieron” vivir en sus casas con ustedes? ¿Les preguntaron? No, pero son animales domesticados por naturaleza y actúan conforme a ella, es todo. Los hombres somos animales racionales, es lo que nos diferencia de los toros, nosotros elegimos, ellos actúan conforme a su naturaleza, es así, por duro que suene, ningún animal elige nada.

Bien, ya hablamos sobre el toro de lidia y su única y particular naturaleza, ahora me dedicaré a un aspecto central de las corridas, la muerte del toro. Cuando un antitaurino comienza a cuestionar la muerte del toro generalmente es porque ya se le agotan los argumentos, es raro, porque no saben qué es exactamente lo que condenan, ¿es acaso el acto de matar a un animal? ¿O el problema es matarlo por pasión y entretenimiento y no solo para comérselo? ¿O es el hecho de hacerlo en público? Al no obtener una respuesta clara sobre qué es lo que condenan exactamente salen con la clásica “pero no tienen derecho de matar animales” a lo que se les respondo que, eso es contradictorio con la vida misma. Es cierto que hay un respeto absoluto por la vida humana, pero no ocurre así con todo tipo de vida, es contradictorio porque la vida se alimenta de vida, un animal se alimenta de otros animales u otras sustancias vivas. Decir pues que todo ser vivo tiene derecho a vivir es absurdo, pues los seres vivos solo viven en detrimento de otros seres vivos. Los animales se matan entre ellos para cubrir necesidades, y no exclusivamente nutritivas, como a veces argumentan los antitaurinos, los animales matan para alimentarse solamente dicen, no es cierto pues a veces lo hacen por agresividad, por juego o por instinto de caza (como el caso del zorro, el gato salvaje, la orca, etcétera, que cazan y no se alimentan necesariamente luego de su presa). De la misma forma el hombre siempre ha matado animales, ya sea para deshacerse de bestias dañinas, amenazantes, o para satisfacer necesidades nutritivas, de abrigo, o por razones culturales, religiosas y simbólicas. En todo caso habría que preguntarse, ¿tenemos derecho a comer animales muertos? ¿O es menos horroroso porque ya están muertos y no los matamos nosotros, ni siquiera vimos su muerte? La pregunta del derecho a matar animales se plantea mucho más en el caso de los mataderos y camales que en la muerte del toro en el ruedo.

Ya que hablamos de la muerte del toro, y más adelante explicaré el significado que tienen dentro de las corridas, les hablaré ahora de la vida del toro antes de llegar a la plaza, el toro vive de una forma realmente envidiable. Para los que no sepan, los toros de lidia se crían en Europa (en especial España y Francia), donde se les dedica una extensión de entre 1 y 3 hectáreas de tierra por animal, mucho más de lo que podría contar cualquier animal doméstico (solo piensa cuánto espacio tiene tu gato o tu perro o tu loro). Los antitaurinos se sorprenderían de ver los infinitos cuidados, el desvelo y el desmedido esfuerzo (sin contar el enorme costo económico que muchas veces no sale a cuenta pero que se mantiene por la pasión de los ganaderos) que significa criar un toro bravo, desde que está en el vientre de la madre, hasta que sale al ruedo, y de la libertad y los privilegios que goza. Quizás les resultara más económico a los ganaderos fabricar carne y matar a las bestias y venderlas por kilo, y así también se ahorrarían las injurias que sueltan contra ellos los antitaurinos, pero lo hacen por pasión. Más allá del enorme espacio que se les otorga a los animales, se les alimenta de un pasto especial y delicado. Gracias a los toros éstos espacios son auténticas reservas ecológicas de gran riqueza de flora y fauna, llena de jabalíes, linces, buitres, cigüeñas, etcétera.

Es por ello que un verdadero ecologista, que lucha contra la desaparición de las especies, lucha por evitar la desaparición de esta variedad especial de toros, que estaría condenada a los mataderos a ser vendida por kilos si desaparecieran las corridas de toros. Es necesario aclarar también que no todos los toros que se crían terminan en las corridas, de cada 300 cabezas, menos de una docena termina en el ruedo, las demás cumplen su ciclo vital hasta la muerte en libertad junto con todo el ecosistema antes mencionado, para salvar su patrimonio genético, ya que si todas las cabezas lucharan en el ruedo desaparecería la especie tanto como si se prohibieran las corridas.

Sobre la posible desaparición de la esta variedad de bovinos, algunos antitaurinos alegan que como no es una especie de bovinos sino una variedad no es imprescindible su conservación puesto que contamos ya con otras variedades de toros, pero ¿podríamos deshacernos de los perros porque ya tenemos lobos, o viceversa?

Ya vimos que las corridas no son torturas, pero ¿qué son las corridas de toros? Y ¿qué significan? O sea, ¿Qué gusta de ellas al aficionado? Sobre esto hay kilométrica bibliografía al alcance de cualquiera así que trataré de ser breve. Las corridas son esencialmente un espectáculo, con fuertísima carga religiosa, espiritual y artística que embelesa con una combinación de gracia, sabiduría, arrojo e inspiración del torero y la bravura, nobleza y elegancia de un toro bravo que eclipsan cualquier dolor y riesgo creando imágenes que contienen al mismo tiempo de mucho de otras artes como la intensidad de la música, el movimiento de la danza, la plasticidad pictórica de la pintura, y la profundidad efímera del teatro, algo que tiene de rito e improvisación, es por eso que las corridas no solo han inspirado obras de arte (como afirman los antitaurinos), sino que son un arte en sí mismas y están fuertemente ligadas a la alta cultura. Explicaré todo esto más al detalle para su comprensión.

Las corridas tienen de teatro pues hay un guión escrito, es una lucha entre la astucia contra la fuerza, como David contra Goliat, nos ilustra la superioridad de la inteligencia humana sobre la fuerza bruta del toro. Simbólicamente es un relato de la lucha heroica y la muerte trágica de un animal, ha vivido, ha sido feliz, ha luchado y tiene que morir. Es en efecto una lucha desigual, ya que los contrincantes luchan con armas distintas, se conoce de antemano que el animal debe morir y el hombre debe vivir (aunque puede suceder que el torero muera de manera accidental o el toro indultado de morir por su bravura). Pero desigual no significa desleal. El torero expone su vida ya que sin este riesgo no tendría sentido la lucha, es el precio que hay que pagar para tener derecho a matar al toro. Y al toro se le respeta en todo momento, incluso a su muerte es aplaudido y ovacionado por su combatividad y se le aclama como a un héroe. El toro muere conforme a su naturaleza, salvaje, rebelde, indómita, indócil, insumisa, solo quiere vivir libre, sino, prefiere la muerte, luchando, luchando por su libertad. La corrida de toros es la práctica humana que debe respetar más y mejor las condiciones naturales de la vida de los animales que viven bajo la dominación humana, los reto a mencionar una actividad que lo haga más.

No tiene esto que ver con la perversidad, sino más bien con la admiración, una emoción inmediata, tan carnal como intelectual. Admiración hacia la bravura del toro, por su poder, su combatividad, a pesar de sus heridas, sus acometidas a pesar de sus fracasos, y admiración hacia el torero que encarna al hombre, por su audacia, coraje, sangre fría, calma y su inteligencia con relación hacia el adversario, uno va a las corridas no a ver espectáculos crueles, sino básicamente a admirar, un sano y delicioso placer.

Las fiestas de toros reflejan valores de dos clases, los humanistas y los estéticos. Los primeros, los valores humanistas como las virtudes intelectuales del torero que en el ruedo presenta su propio cuerpo a una fiera peligrosa que en cualquier momento lo puede matar, desviando su acometida con el engaño de un trapo. Una finta hecha con astucia y audacia, para torear se necesita de movimientos y equilibrios que requieren de un conocimiento pleno del toro, y una estrategia en torno a la intuición de acciones y reacciones del astado. Se trata de forzar al animal a vencer su propia naturaleza para atacar donde el torero ha decidido y de la forma en la que lo ha decidido. También hay virtudes morales en el torero, se le exige valor, caballerosidad y dignidad, dominio de sí mismo, de su cuerpo, de sus emociones, lealtad, solidaridad, sacrificio y respeto. Ya quisieran muchos antitaurinos poseer éstos valores de los toreros. Con respecto a los valores estéticos, le digo que no sabe lo que se pierde si no asistió nunca a una corrida de toros, es tal la solemnidad del ritual, la ligereza de la música, el destello multicolor de los trajes de luces, la coreografía de capote, banderillas, caballo, toro y torero. Se crea lo bello, una belleza elegante, con armonía de movimientos y perfección en las forma, equilibrio de volúmenes. El toreo crea formas a partir del caos, el torero de un solo movimiento pone orden y quietud donde solo había desorden y movimiento, dibuja bellas curvas cuando el animal solo crea líneas rectas, esto es crear belleza a partir del miedo a morir.

Es por esto que las corridas no son especialmente traumatizantes a los niños, como suelen decir poco inteligentemente los antitaurinos, lo que es traumatizante es la violencia muda, ciega, absurda, la violencia con silencio, pero si por el contrario se comunica con inteligencia al niño, éste es capaz de aprender y comprender como cualquier adulto. El niño puede comprender las diferencias entre el hombre y el animal (toro) y entre un animal temible y admirado como el toro (o un león o un tiburón) y un animal afectuoso y querido como su perro o su gato. A partir de esto se tiene la brillante oportunidad para transmitir al niño valores, se puede aprovechar la ocasión para hablar sobre la vida y la muerte, y explicarle el comportamiento animal y el arte humano. Las corridas por lo tanto no son ni “traumatizantes” ni “educativas” en sí mismas, todo depende de cómo se les guíe a los niños por este espectáculo tan singular.

La tauromaquia es cultura, como ya expliqué párrafos arriba, es un espectáculo artístico en sí mismo, que además nació en el siglo de las Luces, siglo de revoluciones intelectuales (entre los siglos XVIII y XIX, cosa que desmorona la falsedad de los antitaurinos que afirman que las corridas de toros son arcaicas cuando tienen apenas siglo y medio y desde ahí se han desarrollado con fuerza por el mundo), como una ilustración del poder del hombre y de la civilización sobre la naturaleza bruta, pero ha inspirado miles, me animo a decir millones, de obras artísticas en todos los ámbitos. Contra esto los antitaurinos dicen que la guerra y la esclavitud también han dado lugar a bellas obras y no por eso éstas son justificables, yo creo que no es justificable la necedad de querer comparar actividades aberrantes como la guerra y la esclavitud con una corrida de toros. No dedicaré mayor esfuerzo en este intento de argumento, más bien prefiero mencionar una lista de artistas que han sido inspirados en el arte de la tauromaquia y han dado lugar a nuevas creaciones artísticas.

Pintura: Francisco de Goya, Eugene Delacroix, Pablo Picasso, Claude Monet, Salvador Dalí, Joan Miró, Gustave Doré, Édouard Manet, Ignacio Zuloaga, Ramón Casas, André Masson, Francis Bacón y en la actualidad Soulagues, Alechimsky, Botero, Arroyo, Chambás, Szyszlo, Barceló, Combas, etcétera. Literatura (Narrativa): Miguel de Cervantes Saavedra, Tirso de Molina, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Calderón de la Barca, Fray Luis de León, Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Luís de Góngora y Argote, Nicolás Fernández de Moratín, Prosper Mérimée, Theophile Gauthier, Gertrude Stein, Manuel Machado, Jean Cocteu, José Bejamín, Henry de Montherlant, George Bataille, Ernest Hemingway, Michael Leiris, Miguel Hernandez, Camilo José de Cela, Carlos Fuentes y en la actualidad Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Florence Delay. Literatura (Poesía): Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer, Fernando de Villalón, Antonio Machado, Gerardo Diego, Rafael Alberti, René Char, Yves Charnet, etcétera. Teatro: Bizet. Música: Agustía Lara, George Bizet, Isaac Albéniz, Joaquín Turina, Jhon Coltrane, Eric Dolphy y en la actualidad Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat entre otros. Escultura: Benlliure, Alfredo Just y Humberto Peraza. Fotografía: Lucien Clergue, Joao Silva y Paco Cano. Alta Costura: Jean Paul Gaultier y Christian Lacroix. Cine: Henry King, Orson Welles, Rouben Mamoulian, Sergei Eisenstein, Abel Gance, Budd Boetticher, Luis Buñuel y más recientemente Pedro Almodóvar. Filosofía: Ortega y Gasset, Fernando Savater y un largo etcétera. Danza: Todos los bailarines de Flamenco y Zarzuela.

Sin la tauromaquia el legado artístico de los antes mencionados se vería seriamente empobrecido, en algunos casos nulo, y el Museo del Prado se quedaría casi completamente vacío, igual que el museo de Nueva York, y muchos otros museos y galerías del mundo. ¿Podemos acaso atrevernos a llamar a los miembros de esta lista, insensibles, crueles, bárbaros, salvajes, ignorantes e incultos? A mí me parece todo lo contrario, son (o han sido) gente dotada de una alta sensibilidad y cultura.

Otros personajes aficionados a las corridas: Los 4 Beatles, Alejandro Sanz, Paulina Rubio, Shakira, Paz Vega,  Andreu Buenafuente, Chayane, Madonna, Nicolás Sarkozy, Mariano Rajoy, Baltasar Garzón, Diego García Sayán, Rosario Flores, Antonio Banderas, Isabel Pantoja, Cristiano Ronaldo, Ernesto “el che” Guevara, Rocío Jurado, Sergio Ramos, Iker Casillas, Feliciano López, Sánchez Dragó, Juan Carlos I, Leticia Ortiz, Felipe de Borbón, Ronaldo, Miguel Bosé, Raúl, Figo, Boris Becker, Fabio Capello, Charlton Heston, Grace Kelly, Alberto Contador, James Dean, Michelle Obama, Rodríguez Zapatero, y un inacabable etcétera.

Quiero terminar este artículo que se extendió más de lo que esperaba con algunas conclusiones,  datos extra y otros estadísticos.

Las corridas de toros no están desapareciendo como muchos creen, en 2008 se realizaron en España más de novecientas corridas formales, cuatro veces más que un siglo antes y cuatro veces más que en 1950. En Francia la tauromaquia se ha desarrollado con especial rapidez los últimos 25 años, pasando su principal plaza, la de Nimes, de 70. 000 espectadores a comienzos de los ochentas, a unos 133. 000 en el 2007 y en ambos países, además de Portugal se han incrementado las ganaderas.

Mención aparte merece Cataluña donde el parlamento ha prohibido las corridas de toros, convirtiendo a la monumental plaza de Barcelona en un centro comercial. Es bien sabido por todos, sin embargo, los motivos políticos y poco ecologistas que tiene este hecho, que tiene que ver más con movimientos que buscan la independencia de Cataluña y buscan romper cualquier tradición que los ligue a la cultura española en general, no estoy descubriendo la pólvora.

Hay otras dos cosas que me preocupan, además de la desaparición de un arte tan bello y la desaparición de una variedad de animal tan admirable y una es el peligro que tiene consigo el prohibicionismo y hasta dónde puede llegar, hoy son los toros, mañana la caza y la pesca, eso no sorprendería, de hecho ya hay movimientos en ello, pasado mañana será la prohibición de uso de animales para objetos como vestimenta o utensilios, luego la prohibición de comer carne, desaconsejar la leche, el queso, y así. El otro tema preocupante es el de la liberación animal, hasta dónde es capaz de llegar, mi temor es que se quiera poner al animal en el mismo plano que el hombre, hoy los toros, mañana a qué liberaremos, a las especies domesticadas por más de 11.000 mil años, habrá que liberar a las ovejas y también a los lobos, sin preocuparnos por las ovejas, se prohibirá la domesticación de cualquier animal hasta que todos lleguen a un estado natural.

Finalmente ante las miles de acusaciones de barbarismo de los antitaurinos, les pongo un ejemplo que espero me libre, como aficionado a las corridas, de esta acusación. Por este lado del hemisferio nos escandalizamos cuando los talibanes destruyeron las famosas estatuas gigantes de Buda en Afganistán que databan del siglo IV y V, estos “bárbaros” no los consideraban arte y más bien ofendían su sensibilidad y la de su dios. El hecho de que ellos no lo consideraban arte no los disculpa por la destrucción de un patrimonio que a vista de cualquier occidental si es patrimonio de la humanidad, ¿pero no es lo mismo que ocurre acaso con los antitaurinos? Quienes en nombre del supuesto bienestar de los animales pretender dar muerte a un arte que desconocen y no comprenden ¿quiénes son los bárbaros entonces? Siempre seremos bárbaros respecto a alguien, por lo que la única solución es la tolerancia hacia las opiniones y hacia lo incomprensible, el respeto a las sensibilidades y la libertad para hacer lo que no afecte la dignidad de las personas.

No espero haber convencido a nadie, pero si espero haber hecho comprender a aquellas mentes dubitativas  y libres de prejuicios lo que significa una corrida de toro y la naturaleza especial de los animales que intervienen es éstas. A los apasionados antitaurinos que la sola idea de una corrida de toros lo asquea, aunque no las entienda, no espero haber haberle causado más que aburrimiento con mis explicaciones.

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Comentarios: 12
  • #1

    Martín (miércoles, 21 noviembre 2018 11:27)

    ¿Quién es el autor de este gran texto?

  • #2

    Miguel Aguilar Carrillo (lunes, 26 noviembre 2018 14:11)

    Yo estoy a favor de las corridas de toros

  • #3

    EDUARDO GOMEZ (martes, 27 noviembre 2018 08:03)

    Yo estoy totalmente a favor de las corridas de toros

  • #4

    Linda bóer (miércoles, 28 noviembre 2018 16:36)

    Yo no es algo malo torturar a los animales �������������

  • #5

    naivy (jueves, 06 diciembre 2018 16:14)

    totalmente en contra..no se como pueden decir que es arte a una masacre donde el toro desde que pisa el ruedo no tiene oportunidad...el arte es crear y recrear a partir de la vida no de la muerte...no hay justificacion ni motivo para torturar de esa manera a un animal.

  • #6

    Maria Gpe Duran Carrizales. (jueves, 28 marzo 2019 21:30)

    Me quedo sin palabras es maravilloso ver como una persona defiende y argumenta con ese esplendor algo que muchas personas amamos como las corridas de toros.
    Felicidades al autor de estas bellas lineas.

  • #7

    ¿En verdad hay que llenar este campo? (jueves, 18 abril 2019 22:40)

    Con argumentos extremadamente falaces y claramente carentes de alguna bibliografía, el autor nos quiere dar a entender, de una manera bastante pretenciosa, la postura válida de la tauromaquia. Una simple pregunta le dejaría a los lectores: Si bien lo que importa aquí es la perpetuación de este acto como un arte, ecologista, que no tiene nada que ver con la tortura, etc., ¿cuál es la necesidad de matarlo? ¿es por el fin ritual mismo que debe morir el animal que sí, es claro que como humanos tenemos la obligación de procurar preservar la vida de los animales, a menos que sea por un año necesidad meramente biológica? ¿o el hecho de que sea un dispositivo que impulsa el arte justifica que el toro tenga que morir?
    P.d. Dejen de usar el término “alta cultura”, y tampoco citen al Siglo de las Luces como si fuera el progreso clave en la historia de la humanidad, los hace ver pretenciosos y pendejos.

  • #8

    tu gfcita uwu (martes, 30 abril 2019 11:34)

    olawe

  • #9

    elim (domingo, 28 julio 2019 14:06)

    es malo matar a los animales

  • #10

    Erika Morales (viernes, 20 septiembre 2019 23:01)

    Magnifico escrito. Puntual y bien redactado. Gracias, por hablar por mi. No hubiera dicho o expresado de mejor manera nuestro apoyo total a esta actividad, que tanto amamos o gustamos desde hace muchos años. NO importa nuestro origen y nacionalidad.

  • #11

    Emilio (viernes, 20 septiembre 2019 23:01)

    yo digo Que todos los toreros que matan a los toros SON UNOS HIJOS DE PUTA ESTÚPIDO S HIJOS DE MIERDA MALDITOS. Y ME CAEN EN LA PUNTA DE LOS HUEVOS. POR QUE SI LOS TOROS MATAN A UN HOMBRE MATAN A LA FAMILIA DEL TORO SI LES PARESE PERO SI UN TORERO MATA UN TORO. PIENZO QUE SI MATAN A LA FAMILIA DEL TORO DEBERIAN MATAR LA FAMILIA DEL TORERO.........

  • #12

    Emilio (viernes, 20 septiembre 2019 23:04)

    ��������������������������������☠️☠️☠️☠️☠️☠️☠️☠️A LOS TOREROS